El futuro de los médicos-científicos está en peligro por la falta de entendimiento entre el sector público y el privado

La preparación del mañana en un ecosistema en constante evolución

Los médicos-científicos, al combinar su experiencia clínica con sus habilidades de investigación, están excepcionalmente preparados para afrontar los problemas más críticos con respecto a la atención médica y a la salud humana. Sin embargo, el futuro de una gran parte de los médicos-científicos en Estados Unidos es incierto. Hay muchos factores que explican este problema a largo plazo, pero posiblemente el más importante sea la financiación limitada en investigación biomédica federal. Después de un fuerte crecimiento en los presupuestos del Instituto Nacional de Salud en la década anterior, del 2003 al 2015, la capacidad de financiación para la investigación del Instituto Nacional de Salud disminuyó un 22%. ¿Cuál es la previsión de futuro? A pesar de la propuesta de aumentar el presupuesto federal en 2019 a unos $34,8 mil millones, se prevé que la cantidad no será suficiente para compensar la reducción en las tasas de financiación para las subvenciones de los proyectos de investigación realizados en los últimos 4 años.

La financiación no es el único reto al que deben enfrentarse los médicos jóvenes. Existen otros como, por ejemplo, los desafíos para encontrar y mantener mentores, poder lograr el equilibrio entre el trabajo y el hogar o conseguir dedicar parte del tiempo a conseguir ingresos con la atención clínica directa. Así pues, enfrentados a estos problemas, la mayoría de médicos con interés en la investigación acaban descantándose por el camino fácil; optar por carreras clínicas a tiempo completo con mayor estabilidad laboral y mayores ingresos, en vez de puestos de investigación que dependen únicamente de subvenciones.

¿Qué pasos se podrían dar para tratar de mantener a esa fuerza de trabajo joven de médicos-científicos? Desde el Instituto Nacional de Salud estadounidense han propuesto varias soluciones. Las recomendaciones pasan por, entre otras, aumentar el apoyo a los programas MD-PhD o por desarrollar nuevos mecanismos de financiación para investigadores principiantes o nuevos, así como apoyar proactivamente a grupos de científicos menos representados. Por ello, algunas asociaciones profesionales han comenzado a proporcionar apoyo de investigación a jóvenes investigadores. A pesar de las soluciones que han sido propuestas, muchos de los objetivos serán difícilmente cumplibles ya que la financiación del Instituto Nacional de Salud es impredecible.
Como se ha explicado anteriormente, la financiación del Instituto Nacional de Salud no ha aumentado al ritmo de la inflación en la última década, aunque ha podido incrementar sustancialmente sus ingresos debido a la inversión de entidades privadas. Son, en este caso, compañías biotecnológicas, farmacéuticas, de tecnología, filantropía y fundaciones. De 1994 a 2012, la financiación privada pasó del 46% al 58% (de $15.2 billones a $67,9 billones). Asimismo, de 2011 a 2017, la financiación para emprendedores en salud digital pasó de $1.1 billones a $5.8 billones.

¿Debería entenderse este aumento del papel del sector privado en la financiación de la investigación como un compromiso con la formación de los investigadores, o deberían el Instituto Nacional de Salud y los centros académicos médicos ser las únicas fuentes de financiación para preparar a las próximas generaciones? ¿Podría un compromiso de las entidades privadas con la investigación (desde la escuela de medicina hasta la residencia) conseguir ayudar, mantener e, incluso, expandir el trabajo de los médicos y los científicos? Dichos esfuerzos podrían llevarse a cabo con experiencias de investigación (“rotaciones”) en la industria privada durante (o quizá antes) la escuela de medicina. Durante su aprendizaje, los residentes podrían participar en prácticas basadas en la investigación.

La incorporación de oportunidades y de experiencia del sector privado permite enriquecer y ampliar el alcance de la investigación biomédica. Además de la experiencia clínica y las habilidades en la investigación básica, el trabajo en la industria biomédica y en diversas fundaciones sin ánimo de lucro pueden proporcionar conocimientos sobre: el descubrimiento de fármacos, la medicina translacional, los ensayos en el sector tecnológico y los conceptos normativos. Del mismo modo, hacer carrera en el sector privado, especialmente en el sector tecnológico, puede provocar la creación de equipos de trabajo compuestos por compañeros de disciplinas muy distintas, como, por ejemplo, desarrollo comercial, fabricación, políticas públicas, ciencia de datos, ingeniería o experiencia de usuario. La innovación alcanza su punto más alto cuando confluyen varias disciplinas que, en este caso, son complementarias. La exposición y experiencia en la investigación biomédica en el sector privado permite a los aprendices aprender nuevas habilidades para trabajar de forma más efectiva en equipo.

Dentro del ecosistema de investigación, los médicos-científicos jóvenes pueden escoger dos caminos: una plaza en una institución financiada con fondos públicos u otra en una financiada exclusivamente por fondos privados, esta última catalogada por algunos académicos como “el lado oscuro”. Los avances biomédicos dependen de ambos caminos. Todavía existen avances significativos en la ciencia básica: comparada con una carrera en el sector privado, es más probable que los médicos-científicos de una academia exploren temas que estudian el conocimiento científico fundamental, para tener más control sobre la dirección y el enfoque de su trabajo, y así conseguir ser mentores de la próxima generación de científicos. Sin embargo, la ciencia también necesita médicos-científicos que entiendan cómo utilizar el conocimiento fundamental y aplicarlo para desarrollar nuevas terapias. Cada vez más, las investigaciones, especialmente la de alto riesgo de la academia, están respaldadas por fuentes privadas, incluyendo filantropía. La industria de la tecnología, un nuevo y significativo elemento en el ecosistema biomédico, ofrece grandes cantidades de datos a los investigadores para explorar nuevos diagnósticos y terapias a una escala que no son accesibles para la academia.

La ciencia del sector público y la del privado podrían, y quizá deberían, ser simbióticas. En un sistema ideal, los aprendices de ciencias biomédicas deberían intercambiarse tanto laboral como económicamente. Sin embargo, existen impedimentos en la integración de las carreras privadas debido a los posibles conflictos de interés. Chocan, pues, con las organizaciones sin ánimo de lucro que creen que existen cuestiones éticas a la hora de plantear los objetivos de las investigaciones. Es decir, un conflicto entre los beneficios económicos y la salud humana. Por ello, sería necesario establecer un conjunto de reglar básicas para garantizar que la educación de los aprendices esté protegida. Por lo tanto, los líderes de los grupos más importantes como la industria, las fundaciones, los centros médicos académicos y el Instituto Nacional de Salud deben llegar a un acuerdo científico que definiría un conjunto de normas y reglas en común para crear acuerdos para estudiantes entre el sector público y el sector privado.


Fuente: Jama Network, Matthew E. Hirschtritt, Preparing Physician-Scientists for an Evolving Research Ecosystem, 03/06/2018
Disponible en: https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2681496


 

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