El lento y agónico avance contra el cáncer que mató a Aretha Franklin

También se cobró la vida de Steve Jobs y Luciano Pavarotti, entre otros

Aretha Franklin falleció el pasado 16 de agosto a los 76 años debido a un tumor neuroendocrino del páncreas.

Se espera que aproximadamente 55,440 casos de cáncer de páncreas sean diagnosticados este año en EEUU (National Cancer Institute), lo que representa solo el 3,2% de los nuevos casos de cáncer. A pesar de ser uno de los más raros, solo el 8,5% de los pacientes sobreviven durante cinco años.

El lento progreso contra esta severa enfermedad es, en cierto sentido, una representación de la dura guerra contra el cáncer. En cuanto al cáncer de páncreas, se ha mejorado en los tratamientos para pacientes con algunos subtipos de la enfermedad, como el de origen neuroendocrino, pero sigue siendo un tumor difícil de tratar y existen limitaciones frenan el progreso. El primero de ellos, al ser un tumor relativamente poco frecuente, es el poco tiempo invertido en el desarrollo de nuevos medicamentos específicos. Averiguar quién corre el mayor riesgo de contraer este raro pero especialmente mortal tumor también es una de las líneas que ayudaría en mitigar su alta mortalidad.

Anirban Maitra, director científico del Centro de Investigación del Cáncer de Páncreas Sheikh Ahmed en el MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas, explica que el cáncer de páncreas no es un tipo de enfermedad en absoluto: “Lo primero que debe hacer si alguien obtiene un diagnóstico de cáncer de páncreas es saber con qué se está enfrentando”. Y añade: “Porque todo lo que tratan cambiará drásticamente en función de eso”.

Los tumores neuroendocrinos, el tipo de cáncer que mató a Aretha Franklin y al fundador de Apple, Steve Jobs, son del tipo más raro. A pesar de ello, se ha demostrado que cada vez son más vulnerables a la ciencia moderna. Afinitor, un medicamento fabricado por Novartis, ha demostrado ser de gran ayuda para los pacientes cuyos tumores neuroendocrinos se han esparcido fuera del páncreas, aumentando el tiempo antes de que los tumores crezcan en seis meses a 11,5 meses. En un ensayo clínico, los pacientes que recibieron Afinitor no vivieron más que los que recibieron placebo; esto puede ocurrir porque el estudio permitía a los pacientes del grupo placebo obtener el medicamento una vez que sus tumores comenzaron a crecer. Otro medicamento, éste de Pfizer, que ha obtenido resultados igualmente esperanzadores en tumores neuroendocrinos de páncreas es Sutent. Este tema se ha convertido en común en los cánceres: los tumores más raros a menudo han demostrado ser los más susceptibles a nuevos fármacos dirigidos, que funcionan al dirigirse a determinadas mutaciones genéticas o singularidades biológicas que conducen al cáncer.

Para Maitra, el pronóstico es peor para el tipo más común de cáncer de páncreas, conocido como adenocarcinoma. Este tipo de cáncer fue el que se cobró la vida de la estrella de Dirty Dancing, Patrick Swayze, y del cantante de ópera Luciano Pavarotti. En este caso, el progreso ha sido más moderado. Los pacientes y sus médicos eligen entre dos tipos de quimioterapia tradicionales: una que combina las quimioterapias Gemzar y Abraxane y otra que es un cóctel de medicamentos llamado FOLFIRINOX. Estos medicamentos aumentan, en promedio, la supervivencia del paciente de cuatro a nueve meses.

Pero las posibilidades de supervivencia son mucho mayores, matiza Maitra, cuando el tumor de un paciente es lo suficientemente pequeño como para poder extirparlo quirúrgicamente. Según un estudio holandés, presentado en la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica, administrar una dosis de quimioterapia Gemzar, junto con radioterapia, antes de la cirugía de los pacientes, parece conducir a una supervivencia de cuatro meses más para el paciente típico.

El enfoque, añade Maitra, puede no ser solo usar más medicamentos sino identificar a los pacientes que podrían ser tratados antes. En este momento, en el 80% de pacientes diagnosticados, la enfermedad se ha extendido y es demasiado tarde para extirpar el tumor. El problema del cáncer de páncreas es que es difícil de detectar. Para detectarlo, los doctores necesitan hacer una tomografía computarizada, lo que significa radiación o un procedimiento de ultrasonido invasivo. Hacer evaluaciones para un cáncer tan raro no solo significaría aterrorizar a muchas personas con falsos positivos, sino que expondría a muchas personas a pequeños riesgos. Según Maitra, “tenemos que asegurarnos de que no estamos causando una epidemia de detección”.

Aunque hay esperanza. Un comienzo obvio para detectar la enfermedad es con las personas que tienen familiares con cáncer de páncreas (al menos dos familiares con la enfermedad). Para algunas de estas personas, un gen que aumenta el riesgo de cáncer, como una mutación del gen BRCA, que puede causar cáncer de mama y de ovario, podría convertirse en un motivo de detección. Es posible que los científicos encuentren otras combinaciones de variantes genéticas para identificar a las personas con alto riesgo.

Esta es una buena ilustración de dónde nos encontramos en la batalla contra el cáncer en su conjunto: los científicos están descubriendo formas de la enfermedad que son vulnerables a los nuevos medicamentos, y están buscando nuevas formas de identificar a los pacientes que se beneficiarán más del tratamiento. Desafortunadamente, en algunas enfermedades, como las dos formas de cáncer de páncreas, el progreso es terriblemente lento. En España existen asociaciones de pacientes (www.netespana.org) y el grupo español de tumores neuroendocrinos (www.getne.org), formado por diversos especialistas médicos y científicos, que investigan y luchan contra esta enfermedad.

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